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la cultura del esfuerzo
nueva competencia | fondo y forma

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La Cultura del Esfuerzo




¿Qué hacer ante el nuevo cáncer de la postmodernidad?, ¿cómo salvarme de la influencia light?, ¿cómo romper con esa cadena de indiferencia y permisividad? Estas preguntas tendremos que resolverlas con otros cuestionamientos: ¿deseo tener una vida digna?, ¿quiero hacer de mi existir una obra trascendente?, ¿vivir intensamente el amor y la verdad?, ¿deseo auténticamente mi plena realización?

Si a estos cuestionamientos en mi interior encuentro un sí rotundo, el inicio del cambio es precisamente el "compromiso", que significa en esencia obligación contraída, y cabría preguntarnos: ¿obligación con quién? Con nosotros mismos es la respuesta, por respeto a nuestra naturaleza, por la magnitud y lo excelso que representa cada obra maestra que es un ser humano llamado a su plena realización, siempre y cuando estemos dispuestos a hacer de nuestra vida lo que debe llegar a ser. Si nuestro objetivo es claro, el camino más acertado es nuestra actitud ante el compromiso.

La virtud viene del esfuerzo realizado. Esfuerzo (del latín exfortiare): empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir una cosa venciendo dificultades.

Cuando una persona, además de aprovechar todas las ventajas de la modernidad se exige a sí misma, aumenta su autorrespeto y autoestima, así por ejemplo, el que sale a correr o caminar todas las mañanas, cuando concluye su práctica, el entusiasmo y la energía generada por el esfuerzo realizado se convierte en motivación y autorrespeto; la mujer que al preparar la comida no se limita a abrir unas cuantas latas o a utilizar alimentos rápidos de microondas y se esfuerza en la preparación, concluye su tarea con mayor satisfacción y respeto a sí misma.

La cultura del esfuerzo que diversos países miembros de la Cuenca del Pacífico se han empeñado en difundir en sus pueblos, ha dado como resultado una mayor riqueza y una juventud más comprometida con el trabajo y con ellos mismos.

En similitud al alpinista, si su decisión es llegar a la cumbre, todos los obstáculos y dificultades se convertirán en retos a vencer; la alternativa es: ¿queremos o no triunfar en la vida?

Es cuando comprendemos que la felicidad no es privilegio del superhombre, sino de los seres humanos de verdad, aquellos que están dispuestos a apostar su vida misma por cumplir la misión que sienten en su interior, por justificar su existir en un plano superior con la creación; cuando se comprende que nuestra vida no es producto de la casualidad, sino que somos parte de una evolución genética al encuentro de un ser superior, y que nos corresponde en nuestro breve existir aportar nuestra colegiatura para que el mundo sea mejor, debemos entender nuestra misión histórica y no dejar pasar la oportunidad para permanecer por siempre en la genética universal.

Es cuando nos autodescubrimos como arquitectos sociales capaces de desarrollar a otros seres humanos, de vivir una intensa vida espiritual, encontrar la belleza y la verdad, la nobleza en el amor y toda la grandeza de la creación; es el concebir en nuestra inmensa pequeñez lo magistral de nuestra creación, y vivir apasionadamente para aportar nuestro existir a que la humanidad sea cada día mejor.

Cuando rompemos con esa neurosis mundial "de que lo nuevo es lo mejor", cuando percibimos que al principio del siglo XXI la humanidad exige una profunda renovación moral y espiritual, es el momento en que la indiferencia y falta de compromiso ya no deben tener cabida; surge el ser humano diferente, cuya fe se centra en la realización plena, individual y responsable y su fraternidad por procurar que los demás encuentren la realización ya sea como artesano, obrero, profesionista o intelectual, no importando la tarea que deseamos desempeñar, y con una determinación férrea nos comprometamos a realizarla plenamente; nos encontramos con un ser que ha entendido que forma parte de la nueva generación que reorienta el auténtico sentido de la creación, para que el ser humano sea auténticamente un ser superior no solamente por su inteligencia sino por su nobleza, por sus ideales de orden superior, por su amor a los demás y porque se sabe contribuyente de la creación de Dios.

El aspirar a ser pleno exige compromiso, nos demanda un esfuerzo por construir, el ser propositivos retornando a los principios naturales que dan equilibrio a la creación, fomentando los valores fundamentales para propiciar que, al igual que yo, todos los seres humanos tengan la misma oportunidad de triunfar; el reto es, en síntesis, el compromiso, el esfuerzo que en mi tiempo me corresponde realizar.

El esfuerzo es virtud y la virtud se genera cuando logramos cimentar en nuestro interior un sólido compromiso, cuando tenemos la decisión y la apasionada fuerza que nos da el compromiso de lograr lo que deseamos a través de la dedicación y el esfuerzo diario.

La única forma de vivir plenamente es comprometido con nosotros mismos, con nuestra esencia y naturaleza, que es el éxito al que todos los seres humanos estamos llamados a alcanzar; cuando logramos superar las barreras del yo, ingresamos a la era del nosotros, es cuando nos sentimos en deuda con nuestra empresa, por ser el espacio que todos los días se nos brinda para superarnos; con nuestra pareja, cuando comprendemos que a través de estimular y apoyar al otro está nuestra propia realización; cuando se entiende que a través de nuestros hijos se hereda al mañana la esencia de nuestro existir; cuando reconocemos que a través de los subordinados, alumnos y amigos tenemos la oportunidad de compartir nuestro ser y edificar un mundo mejor; es a la nación, al espacio que nos dio la oportunidad de vivir, a quien tenemos que devolver y enriquecer lo que en nuestro tiempo recibimos, y finalmente entender que formamos parte de un concierto universal que se llama humanidad y que en nuestro breve existir en algo hemos de contribuir con el mundo, aunque sea con una aportación pequeña debemos participar en su mejoramiento y así poder justificar nuestra existencia.

Son tiempos de compromiso y no tenemos otro tiempo de existir, a menos que vivamos con la desesperanza, que es cuando creemos que a través de la reencarnación podremos realizar lo que hoy no fuimos capaces de hacer, lo cual es un absurdo, pues la vida no se ensaya, o vivimos hoy y realizamos lo que tenemos que hacer, o dejaremos para siempre en la omisión y en el reclamo lo que no nos atrevimos en nuestro tiempo a llevar a cabo, lo que debimos haber hecho.

El esfuerzo permanente nos garantiza un crecimiento sin limites, cuya única frontera es la muerte, y aun a ésta la podemos trascender; nuestro legado debe ser transmitir que acumulemos en toda nuestra vida a la siguiente generación, nuestras opciones finales son: no haber existido o en nuestro tiempo vivir en tal forma, con tal pasión, que logremos permanecer por siempre en la genética de la humanidad.

 

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